BEBÉS: MARCAS EN LA PIEL "CUIDA TU SALUD"

Angiomas, eritemas, granitos... El 50% de los bebés nacen con marcas en la piel. ¿Cuáles son las más habituales?

Volver a casa con el recién nacido, y estar allí con él, sin tanta gente alrededor, puede dar lugar a que se descubran aparentes anomalías que no se apreciaron (o realmente no existían) cuando estaba en el hospital, así como a que surjan nuevas dudas. Y es que un poco de tranquilidad y tiempo a solas con el recién nacido alcanzan para conocerlo mejor y descubrir cada detalle de su pequeña anatomía. Mirar sus manos y sus pies, acariciarlo con dulzura, observar cómo respira, la placidez con la que duerme y... ¡Un momento! ¿Qué es esa mancha roja en la nuca? 


Angioma plano 

La mitad de los bebés nacen con alguna mancha en el cuerpo. Las más comunes son los angiomas planos, también conocidas como antojos, marcas de la cigüeña o besos del ángel, muy frecuentes en la raíz de la nariz, los párpados, la frente y la nuca. Son manchas planas de color rojo o salmón, formadas por capilares sanguíneos dilatados visibles a través de la piel, que se intensifican con el llanto y el calor. Estos angiomas desaparecen siempre antes del año y medio de vida, salvo un 5% de los de la nuca, que persisten toda la vida, pero quedan ocultos por el pelo. 

Angioma fresa 

El angioma fresa o tuberoso es otra malformación vascular relativamente común que, a diferencia del angioma plano, es abultado. No suele aparecer al nacer, sino a las pocas semanas y puede hacerlo en cualquier parte del cuerpo, aunque es más frecuente en el cuero cabelludo, en la espalda y en el pecho. Está formado por acúmulos de vasos sanguíneos y, durante los primeros seis meses de vida, suele aumentar de tamaño, a veces de forma muy rápida, para luego estabilizarse y acabar desapareciendo espontánea aunque lentamente, sin dejar apenas señal. A los nueve años, la piel se ha normalizado en el 95% de casos o, a lo sumo, queda alguna pequeña arruga o despigmentación. 

Nevus congénitos 

Al nacer o poco después, en muchos bebés se observan en la parte baja de la espalda, en las nalgas o en los muslos, una o varias manchas azuladas o grises, de diferentes formas y tamaños, a veces enormes, muy similares a los morados que causa un golpe y que se llaman nevus congénitos. También son conocidas como "manchas mongólicas", porque cuando se describieron por primera vez, se creyó que eran propias de la etnia mongol, aunque en realidad son muy corrientes entre negros y asiáticos, también en los niños hispanoamericanos, los del sur de Europa y, en general, en poblaciones de piel oscura. En algunas culturas se creía que eran la señal de la patada que los espíritus superiores daban a las almas que no querían reencarnar, para forzarlas a volver a la tierra... 

Estas manchas son debidas a la acumulación de células cargadas de pigmento y pueden persistir meses o años, pero con el paso del tiempo siempre se aclaran y normalmente desaparecen del todo antes de los diez años. Sólo son un mínimo problema estético y, desde luego, no tienen nada que ver con el síndrome de Down o mongolismo ni con ninguna enfermedad. 

Eritema tóxico 

Al segundo o tercer día de vida, a casi la mitad de los recién nacidos les empiezan a brotar pequeñas manchas rojas, a veces con una zona central elevada como una ampollita blanca o amarilla, semejantes a picaduras. Se trata del llamado eritema tóxico o exantema toxo-alérgico. A pesar de lo frecuente que es -ya en la antigua Mesopotamia fue descrita-, su causa todavía no se conoce con certeza. Afecta principalmente el tronco y su principal característica es lo evanescente de las lesiones, que desaparecen de un lugar para aparecer en otro en pocas horas. A las dos semanas como máximo, el problema acaba sin necesidad de ningún tratamiento. 

Granitos 

La persistencia de las hormonas que les han llegado durante el embarazo hace que alrededor del 20% de los bebés tengan granitos en las mejillas y la frente, muy similares al acné de los adolescentes. Tampoco en los bebés deben reventarse, pues eso podría infectarlos. Desaparecen espontáneamente en el transcurso de los tres primeros meses, sin dejar ninguna señal. 

Descamación fisiológica 

La capa externa de la piel, que ha protegido el feto de la humedad del líquido amniótico, ya no es necesaria tras el nacimiento y se desprende a partir del segundo día, en un proceso conocido como descamación fisiológica, particularmente llamativa en piernas y pies, aunque puede observarse en cualquier parte del cuerpo. En los nacidos después de las 40 semanas de embarazo y en los de bajo peso, puede ser un proceso muy exagerado, pero sigue siendo un fenómeno normal que acaba antes de las dos semanas de vida. 

Cutis marmorata 

Durante los primeros meses, es normal que en la piel aparezcan zonas veteadas, con aspecto de mármol y por eso llamadas "cutis marmorata", que corresponden a una distribución irregular de la sangre en esas áreas. Se observa en partes expuestas al frío, pero su presencia no indica que el bebé deba estar más abrigado.

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